Mi hijo por Martín Adalberto Iseppi


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@socorflor me envía este bonito relato, del que comparto muchas, muchas cosas.

Mi hijo, Texto escrito por Martín Adalberto Iseppi

Texto escrito por Martín Adalberto Iseppi

Aquí tienen el texto completo:

 

“MI HIJO”

Son las cuatro y media de la madrugada de un día martes, tus ruidos me han despertado y muy contento no me he levantado, ya que a las siete treinta comienza mi horario de trabajo.
Al llegar al moisés, bien abiertos tus ojos estaban mirándome y con temor y delicadeza por tu fragilidad, te tome y alcé pegándote a mi pecho, moviéndote de un lado hacia el otro, para intentar calmar tu fastidio.
Calculo que fueron unos veinte minutos que estuvimos de esta manera hasta que te dormiste. En ese tiempo la cantidad de sensaciones que tuve fueron incontables, así que al dejarte descansando y no poder dormirme, tomé un lápiz y una hoja para intentar escribirlas.
Del enojo que me produjo tener que levantarme pasé a un estado de ternura total cuando te tenía entre mis brazos y acariciándote suavemente la cabecita los miedos me comenzaron a encontrar.
Empecé a pensar y analizar con temor mi vida y me di cuenta que ya no soy yo, sino que ahora estas vos, que tu cuerpito es un desprendimiento del mío, el cual tengo que cuidar más que a mi mismo, por tu fragilidad.
Me puse a charlar con vos, diciéndote que no te hagas problema por nada, que yo siempre voy a estar. Y ahí surgió otro miedo, ese de si podré estar siempre para ayudarte y aconsejarte, y de miedo en miedo concluí que por una ley natural no voy a estar, pero si quería y esperaba estar todo el tiempo que pueda y que haga falta para prepararte para tu futuro.
Luego, miraba tus ojos y al mismo tiempo los míos, tus manos, tu nariz y tu color de pelo y piel, y me reía cuando hacía lo mismo con mi cuerpo enfrentado a un espejo e interiormente pensaba “pucha, lo que es la vida”, mis ojos comenzaban a brillar por la emoción que me causaba nuestro parecido.
Segundos mas tarde, empecé a pensar si era capaz de educarte, ya que soy debutante en esto de ser padre, y al mismo tiempo recordé al mío, pensé una y otra vez lo que me gustaba de él y lo que no, formando en mi mente un ideal de padre, concluyendo que tenía que actuar como actuó el mío y como me hubiera gustado que lo haga.
Después comenzó a entrar en mis pensamientos el temor del dinero, que antes de aparecer vos en mi vida mucha importancia no le daba, pero ahora ocupa una de mis principales preocupaciones, eso de si podré darte todo lo que necesites para crecer como el mejor niño del mundo, con todos los gustos, todo lo que quieras, si te podría dar el día de mañana los mejores juguetes, las mejores ropas, el alimento, lindas vacaciones, y por qué no los mejores colegios para tu educación.
Cuando pensaba esto me temblaban las rodillas por el miedo a fracasar, por el miedo de no darte todo lo que anheles. Pero al segundo siguiente vino un pensamiento muy realista y consolador, es ese de que realmente no se si te podré dar todo, pero todo lo que tenga y pueda te lo voy a facilitar, pero más que nada va a ser de corazón y por amor, porque de nada sirve llenarte de cosas materiales sin nada espiritual, sin una enseñanza en cada regalo.
Con lagrimas cayendo sobre mis ojos me preguntaba si algún día podrás comprender todo lo que te quiero, si podrás entender que sos hoy en día la razón de mis esfuerzos y mi vida, la razón de mi alegría y de mis preocupaciones por tu vida, porque puedas estar bien y ser feliz.
Al dormirte, suavemente te dejé en tu moisés, sorprendido por tu calma y tu tranquilidad, fui a recostarme, cuando no podía dormirme y comencé a escribir.
En estos momentos son las siete y cuarto de la mañana y me tengo que ir a trabajar, hacía años que no lo hacía con tanta alegría, porque a pesar de mí desvelada, soy el hombre más feliz del mundo que ha hallado la razón de su vida.

Martín Adalberto Iseppi

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